Un perro
(2004)

Enano, regordete, arrogante. De pelambre grisácea sucia, corre en época primaveral alrededor de la cuadra. Corre y corre y hurga en la basura regándola alrededor de los postes. Siempre alrededor. Tal vez es maltratado por sus dueños y por eso es rebelde, pero siempre vuelve a entrar en la casa cuando le cruje la panza.

Al mediodía, se calienta tirado en la vereda, mientras haya sol de verano. En las noches ladra por la espalda a todo transeúnte, que desprevenido, salta de un susto a pesar del frío de invierno que lo tiene temblando.

Perro cobarde, que hace alharaca detrás de las polvorientas rejas oxidadas de sus dueños descuidados y malolientes. Le tiré un papelito, y salió despavorido, raspando sus uñas en el cemento. Perro cobarde ladrando a más de 10 metros.
Antes del papelito, muchas veces salté de un susto, cosa que jamás importó a sus dejados dueños, que parecen dedicarse al contrabando o al mercado negro de artículos nuevos robados (muchas cajas entran y salen, sólo de taxis). La casa exhala un vaho desagradable constante que da señas de costumbres de espíritu ignorante.

Después del papelito, varias veces ladró a lo lejos, pero con miradas fijas y punzantes… se curó. La piedrita estaba lista para salir disparada, pero suerte o no, nunca salió. Ahora ve con inseguridad el perro, pero no emite sonido y vuelve a reclinar su cabeza sobre el piso.

Perro cobarde y cochino. Ganas de darle una patada no faltan, pero si ya no violenta la animia, no vale más hacer.

 
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el corazón del mundo es mío (a las 00.17h)
aunque sólo un pedacito
(julio 00)

Fantasía.  Recorro, domino, muero y resucito, ¡Tengo poder!  ¡Podemos todo!  Cuando infantes alegres cuyo espíritu medra en la inocencia del juego y de la confianza, espíritus que entregan todo sin querer hacerlo, sin saber hacerlo. 
Los niños son una bendición que nos da la vida, son un acápite sincero del alma, un pedazo chiquitito del TODO que aún conserva su esencia: felicidad.  Una sonrisa sincera, abierta, pequeñita y delicada que desaparece rápido pero que regresa acometiendo espíritus cuando la llamamos.  Pero crecemos, ¿cierto?  Por desgracia, pienso.

Conforme nuestro tiempo pasa, junto con el de los demás, estos demás aceptan menos que hablemos con el corazón, repelen el que nos comuniquemos de verdad

La vida nos da experiencia, LA VIDA NOS PREPARA PARA TERMINAR DE VIVIRLA, y esa es la etapa más interesante.  Nos hace sentir y experimentar infinidad de situaciones y emociones.  Ella nos prepara para morir.  La vida es increíble, sorprendente tanto como pesada y confusa.  La vida es peor que la pubertad.  Pero ambas tienen sus ventajas….
De adolescentes somos vivos y vigorosos.  De jóvenes somos todavía influenciables y seguimos viviendo dentro de la ilusión que domina la pubertad que pasó.

No podemos negar al tiempo, sabemos que corre fuera y dentro de nosotros.  Entonces, ¡adultos!  ¡Oh realización!!  ¿Nos hacemos viejos, más viejos, más cuerdos, más centrados?? Pero ya no sabemos vivir.  Alguna vez vivimos pero no recordamos, ‘no se oye padre’ al llamado de la VIDA.  ¿Cómo vivir cuando se desestiman los sentimientos reales y se sustituyen con incertidumbre?

¿Cómo vivir destilando el querer y quedándonos con un líquido neutro e insípido… qué será?  No sabemos vivir… ciertamente no, porque no sabemos qué es.

¿Ese destilado puro que busca la sociedad –erróneamente- creyendo que da vida y pureza, nos motiva a VIVIR….????  ¿Será cierto lo que creemos?  ¿Será cierto lo que vivimos?  ¿Es nuestra vida real?…. yo también puedo tocar cosas, comer, destruir, escribir, caminar, tener sexo, dibujar…. pero ¿es nuestra vida REAL?  Es real nuestro costumbrismo convencional de vida ‘gregaria’?  ¿Acaso gregaria aislada?  ¿Gregaria individual?  ¿Tecnológica?  ¿Gregaria sólo familiar?  ¿O gregaria por interés?

Intereses, estos últimos, que nos manejan, que manejan nuestra artificial forma de vida:  consumir.  Sumidos en ello dejamos que los objetos prácticos roben nuestra sensibilidad, dejamos que le quite sitio al expresar, que el plástico a borbotones se meta por nuestros poros, dejamos que despoje al arte de su no otorgado laurel. 
Y centramos atención en política y economía, escándalos, en la televisión, la letra barata, el robo, extorsión, en corrupción, y vicio.  perdemos el gusto de vivir, preocupándonos por nimiedades.  La vida es más grande, mucho más que ello.

Pero nos volvemos negativos antes de tiempo… ¿Cuándo es tiempo para volvernos negativos?… Es este tiempo, ha sido siempre el presente de la humanidad el ‘SER’ negativos.  Hemos sido olvidados, dejados-abandonados, ¡hace milenios!  Desde que existimos como gregarios (30 mil años, miles más o miles menos) es poco para nosotros que creemos estar en los albores de una nueva forma de vida, en borroso comienzo de una era indefinida de información y poder...  Treinta mil años es una vuelta pequeña porque no hemos aprendido. 

También 30 mil años es mucho para no darnos cuenta del haber sido abandonados por nosotros mismos, ¿cierto? Nos hemos dejado y eso provocó vivir en un tercer estadio, a mencionar; resumiendo la vida común:

    1. Fantasía cuando niños;
    2. Ilusión de jóvenes;
    3. Y final y lamentablemente frustración cuando adultos maduros y sociales….

Nuestra vida, entonces, es un pastillero de 3 espacios gregarios.  Debería existir un cuarto que nos ayude a regresar a los anales de nuestro personal devenir.

¿Para qué?  Para que pensemos como niños.  ¡Para que sintamos como niños!  ¡Sin vicios, sin maldad, sin prejuicios!
Seamos niños y niñas otra vez, ‘otra maldita vez’ para aquellos ‘adultos maduros’ que creen que lo son pero que sólo saben sufrir y hacer sufrir.  ¿Será ese un adulto REAL?

Busquemos lo olvidado, repitamos nuestro primer-no-recordado pasado, nuevamente, otra vez, otra vez.  Condenémonos a vivir ese pasado, personal e intransferible como un dni horrible, pero… ¿cómo saber si es horrible si no lo conocemos?  Recordemos y aprendamos a VIVIR.  LA HISTORIA ES LA CIENCIA DE LA VIDA, EL RECORDAR ES LA ESENCIA DE NUESTRO EXISTIR.

¿Por qué dudar que vamos a lograrlo?  ¿Por qué dudar que no es eso lo que buscamos?  Si es que buscamos algo, claro, y no vivimos como borregos o como carne de cañón.

Intentemos buscar algo.  Dentro o fuera nuestro, todo tiene su escondite… pero en este caso VIVIR está a la vista, aunque por tonterías de nuestro trajinar lo negamos a cada instante, en cada oportunidad que surge por sí misma….
¿Y lo tildamos de infantilismo?  ¿Irresponsabilidad?  ¿Inmadurez?  ¿Inexperiencia?  ¿Banalidad?  Ciertamente se mezclan todas éstas con lo REAL del VIVIR, pero no sabemos diferenciarlas por incomprensión, por no saber observar, por intolerancia, por falta de cultura… ¿por mundanos?

Dudemos de todo pero no nos neguemos más.  Aprendamos a observar, sepamos cuándo hablar y sobre todo a escuchar.  Dudemos de lo que escuchamos y también de lo que digamos, pero dudemos sin perder seguridad… aclarando:  dudar es saber, aunque ello demuestre que nada sabemos, nada.  Y cuando nos demos cuenta de aquel ‘saber nada’, estaremos preparados para aprender a VIVIR.

Ayudemos pero no olvidemos que podemos VIVIR, y cada segundo.  Nuestro corazón es el de todos y de todos. 

El corazón del mundo es nuestro si aprendemos a VIVIR…

velas
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Cuán triste soy
(junio 99)

Porque no veo corazones alegres, porque veo sufrimiento, porque sufro. Porque no hay pasión en el expresarse de muchos de los humanos que me rodean. Porque me contagian esa carencia.

Estoy triste por los estudiantes que quieren aprender pero no los dejan; estoy triste por las mentes que quieren conocer y experimentar pero la burocracia es en demasía molesta... triste por la excelsa mediatización que impera en todos los niveles, y por la hipocresía y la ignorancia que daña a terceros.

Triste por la gente explotada, pisoteada, triste por la gente que no ve a esta gente; por los que intentan algo y no lo logran, pero más por los que logran algo y no son reconocidos... buscando con sudor y lágrimas serlo – no me solidarizo con ellos, ni con los que carecen de humildad, o de amplia visión, o de mente abierta.

Tengo este sentimiento por las personas que desean progresar y desarrollarse sin tener cómo... pero mucho más por los que tienen y no quieren. Aunque peor me siento por los que simplemente no quieren.

Y por los que no se atreven a expresar lo que sienten y piensan... tan sólo por el hablar de hablantes. Y también por los intolerantes como yo (la tristeza es uno del montón de círculos viciosos en los que nos sumimos de vez en tanto por nuestra inconformidad). Y triste también por los conformistas.

Más convulsiones, de tristeza que de otros sentires, me generan aquellos entes de pensar y hablar intestinal, y los rencorosos y vengativos. Estoy enfermo de tanta niebla que crea la envidia, y de malas miradas entre mujeres y hombres con mucho en común; y de los que conocen el odio.

Es un malestar que en su extraño y seco desarrollo me dice que estoy triste no por mí, sino por los que me provocan esa tristeza.