PUNTOS!!!
(agosto 06)

Cuánto compramos.  Miles de personas entrando y saliendo a diario de esas tiendas de 3 o más pisos, que vienen del país del sur.  Que vengan, porque ningún nacional se anima a invertir en nuestro Perú.  Será porque no lo dejan.

Muchas trabas burocráticas inútiles, regulaciones, autorizaciones, docenas de trámites no centralizados, pérdida de tiempo del personal o de un “service” contratado para ello.

Puntos, dice la publicidad en paletas, paraderos, paneles, encartes y comerciales en la tele.  En un quinquenio nos hemos vuelto terriblemente consumistas, y, aprovechando esa compulsión creada, nos dan los puntos.

Hay que sacarle el jugo entonces, y canjear esos “premios” gratis por los puntos que hemos acumulado.  Bueno, pues.  Tanta información que dejamos en un servidor, quién sabe dónde estará y de quién será.

Pero, igual compramos.  “Hay cosas baratas ¿no?, y son cosas bonitas, dicen, porque vienen del extranjero, dicen.  Hay que ir, ¿ya?”.  Sí, Made in China.  Bien por la industria extranjera, pero ¿qué pasó con el “compra peruano”?, bueno, es que es engorroso irse hasta Gamarra o al centro a buscar productos hechos en China, y baratos también.  Es que ellos no nos dan puntos.

Entonces, lo único cierto es que todo está hecho en China, hasta los insumos para los productos hechos en el Perú.  En fin.  No se puede competir con una potencia económica que tiene ingerencia global, y como lo dice la palabra, es una ingesta planetaria que satisface millones de deseos y necesidades básicas y triviales.  Bien, entonces, pues.

Tantos puntos que, traducidos a Nuevos Soles, significan millones al mes.  “¿Quién tiene la plata?”  “Dicen que no hay plata!” “¿Quién dice que no hay plata y por qué lo dicen?”

Para ganarme esos puntos tengo que buscar estacionamiento, que felizmente no se paga siempre que haya comprado algo, pero no encuentro sitio, ¡ni cerca ni lejos! “¡Que tal consumismo!, madre mía, mejor regreso otro día cuando no haya tanta euforia por gastar la quincena”.

Y hoy logré canjear mi “premio”, estoy contento, “le saqué el jugo a los impuestos”… sí, claro.  Sigue así y te apuesto a que te conviertes en cliente VIP en 10 años, y te dan tarjeta platinum-world-class con crédito sobre los 25 mil soles.  ¡Asu!

Hasta que llegue ese momento seguiré yendo a cine, comiendo canchita, llenando mi carrito de supermercado, buscando una camisa para la fiesta que viene y cambiando de zapatos cada 6 meses.

¡Así no soy yo!!  Que bueno.  Pero es difícil no serlo, si tantos son y quieren que sea como ellos.  Además, cuando me opongo me miran feo y no me hablan.  ¡Chesu!  ¿Tons, qué hago?

Ya pes, me iré a comer helados y hamburguesas, y de vez en cuando a bailar y de paseo a Puno.  Pero para eso voy a necesitar una casaca que abrigue, zapatillas para el monte (¿cuál monte?), un chullo muy peruano, guantes, bufanda, ropa térmica, una mochila donde quepa todo y un canguro grandote para mi botella de agua y un par de Snickers… ¿y qué más?... ¡mi mp3, pues!!

Pero, ¿me iré de viaje?, no sé pe, toy aguja, tengo que ahorrar y ya veremos después a ver si queda algo en los ahorros para salir por allá.  Me sacrificaré y estaré 14 horas frente a un monitor, con el cuello y cintura estresados, la muñeca latiendo y los ojos irritados.  Si hago esto unos 8 meses, me alcanza para irme de viaje, pero a provincia, no más.

Ya pe, así estarán las cosas, pero con los puntos que junte hasta ese día, me voy a canjear un reloj para poder medir el tiempo que me dure el viaje.

 
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EL AUTOCONCEPTO

Yo real, Yeffersonn, yo ideal, tambien Yeffersonn… yo soy yo y nadie más que yo… no hay otro como yo.
¿Baja autoestima?: “Cuando trabajo, lo hago a diez mil por hora y hago lo mejor que puedo y me sale bien… con sus errores, pero errar es humano. ¿No cierto?”.

¿Cuántos nos dicen esto? Casi todos decimos algo similar al tener la guardia baja, sin ser como Yeffersonn.

Si algunos estudios sobre las compras muestran que muchas personas prefieren marcas y productos que sean compatibles con el concepto que tienen de sí mismos, ¿Cuál sería el autoconcepto que tiene él, que utiliza zapatillas taiwanesas de S/.11.50 y una casaca Umbro mal bordada vía Bolivia-Tacna, de 15 soles y un par de jeans de gamarra de 30 el par? Más las medias de 3 por 5 solcitos y un calzoncillo de 2 por un sol (quién sabe si usados) en Jr. Lampa.
Lo que lleva puesto vale S/.48.50, porque compró solo un par de jeans. ¿Valdría esto un adorno hindú en Ripley?
Quizá sea un deportista pobre o quizá se cree sofisticado como la selección peruana de fútbol, con autos de vidrios ahumados que no tiene y cerveza a montones cada quincena.

Tal vez querrá ser aceptado por su barrio y poder ser chochera de aquellos troyanos (que tienen tatuada en la frente “aprovecha cuando puedas de quien sea”) que se reúnen en el “point de encuentro” -para “chupar” un par de chelas heladitas- que no es el boulevard de Comas y tampoco Royal Plaza o el Mega Plaza, sino la esquina del gordo que vende menú y caldo de gallina a las 5 y media de la mañana.

Sin chistar todos estos “pointeros” se disfrazan con su mejor ropa para pifear a las chicas apretadas (y rebalsadas) que caminan rumbo a su casa después de otro día de instituto en Wilson s.a. También se visten bacanes para hablar nimiedades, entiéndase: huevadas, sin salir, con esta clasificación, de lo cotidiano ni del respeto.

Tal vez alguna empresa-investigación-de-mercado podría decirlo, si tiene estudios sociológicos sobre comportamiento de microgrupos acomplejados estereotipados.

¿Pero qué diría si visto a mi perrito con un polo viejo y le pego etiquetas made-in-la-victoria de Quiksilver en los lados?
Mi mascota será surfista (¿cuánto me costará la tabla?!!)… o tal vez, yo, por extensión, que me identifico con la marca (aunque no sepa a quiénes está dirigida), hago que pasear a mi perro “guachafo”, sin quererlo, sea motivo para salir.
Quizá sin el perro-Quiksilver no tendría ganas de caminar por la Izaguirre (Av.) a las 10 de la mañana y esperar a que marque cada ficus de la berma central y que haga lo que tiene que hacer a media vereda para que lo pise cualquier desprevenido matizado de problemas cotidianos del trabajo y de la casa. Yeffersonn…

Si analizamos su actitud y desmembramos su mente, su autoimagen REAL, la de Yeffersonn, será la del chico guapo con lentes oscuros que piensa (pero no lo dice): “Yo soy un trabajador, que hace lo que puede y se rompe el lomo todos los días, y para qué? Para que el jefe se lleve la mejor parte? Ese con….”.

Y la autoimagen IDEAL será la del tipo bacancito y a la moda que chambea duro y que debe compartir con sus amigazos en la esquina: “Quién no necesita patas pes, te pueden ayudar cuando los necesites”… mientras que no se trate de “fichas” (plata), porque entonces, todos están “aguja” (más misioneros que chacarero con 3 familias).
Entonces, su autoimagen SOCIAL, podría ser la del tipo que conoce mucho de su distrito pero también sabe de Miraflores y Larcomar y la comida “buenaza” pero cara que sirven allí: “como está buena tiene que ser cara pues, además así es por allá”.

Por tanto, su autoimagen SOCIAL IDEAL es: “soy cholo chambeador y por eso tengo plata”, que puede vivir en Miraflores y comer en Larcomar todos los fines de semana.

Pero, borracho, ¿qué podría decir Yeffersonn en uno de esos días cuando el similar gobierno declara feriados largos y la gente no tiene mucho que hacer porque no hay plata para salir de viaje?: “yo… yo mi hebmano, me saco la mieda en la chamba, y pa qué? ¿Tú que crees? Pa qué? Dime pe… … …pa dab a mi mujeb su plata y que no fiegue mas la vida, ¿ya???? Yo te quiedo hebmano, te quiedo mucho”. Esta es entonces, su respuesta a: ¿QUE CLASE DE PERSONA SOY?.

Y a ¿QUE CLASE DE PERSONA SOY PARA LOS DEMAS?: “Bueno, soy pobre, tengo que trabajar duro por mis hijos y por mi señora, que es buena conmigo. Siempre que llego tengo la comida lista y mis hijos me piden que los ayude con la tarea, hasta el perro de la mayorcita mueve la cola cuando llego aunque se orine por todos lados de la casa.
“Yo hago lo que puedo, la cosa está difícil pero hay que salir pa lante”.

La respuesta real sería: “Tengo que dar excusas porque sino se enteran de que no puedo hacer gran cosa porque no sé hacerlas. Fui cobrador, ayudante de pintor, y ahora tengo trabajo en una fabrica de cajas de cartón. Hay que hacerse la víctima en estos días… ya pues oye, que más me queda”.

¿Y por qué viste Umbro o Reebok bamba? Porque es padre adolescente y no tiene otra manera de ser algo más, de ser lo que no puede ser sino es utilizando las apariencias aunadas a las excusas sobre la “dura situación del país”.

¿Cuántos Yeffersonn pululan esta Lima chambeadora cada día?

puesto de mercado
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¿Realidad para quiénes?
(setiembre 96)

...Sintiendo el olor (de tantas orinas) que se confunde en una nube de escapes de carros y buses parchados corriendo en suelo muerto...

Cemento pisoteado y escupido sobre el que se sostiene y sobrevive una ciudad saturada de... todo: techos sucios, caños tapados, botellas, niños, perros y pericotes, loterías y bingos... borrachos.

Alguna tarde, acercándose la noche, cuando camino en un momento de deprimida animia entre panaderías, paradas y restaurantes que sufren una mórfosis nocturna respondiendo a ciertas necesidades, rebusco en miradas ajenas al tiempo, una explicación para ello, para esa habitual pero extraña actitud, sin llegar a conclusiones tangibles. Refiero a esos momentos que los llamamos “de despeje" después de un trabajo de semanas.

¿Es al caso, instinto, nativo a nuestra natura; de causas inentendibles pero sí sensibles en la base de nuestro cerebro, en el tórax y también en el abdomen? ¿Es que, por momentos necesitamos una regresión mental a nuestro bestial e inconsciente pasado arcaico?

Cuando desespero por el alcohol, de una botella helada, que calme mis nervios, espero la noche, esas noches que se pasan por allí. Las transformaciones son extrañas, ambientes generales, inestables y transitorios que satisfacen casi cualquier gusto; siempre existe un medrante nocturno, solitario, y tal vez uno que otro pasajero del olvido, suicida o cobarde. Ya es cuando las luces que deslumbran van y vienen y nada más.

Es de noche, y caminar por aquellos lugares... ¿con qué se identifican esas concurridas y no bien amadas avenidas? Las combis van y vienen por desatentos alcoholizados para quedarse con el vuelto... o atropellarlos.

Encuentro a un grupito en silencio, dos, tres grupitos en escándalo, otros más en las esquinas y en los huecos de rata. Marcan su territorio, pero ese olor a meada y a todas las demás excreciones, ya no se sienten con estas noches frías. Ron, pisco, cerveza, tanto líquido.

De 2 a 5 de la madrugada, la baja de temperatura del medio limeño arrecia, se mete en mis huesos; tengo que apartarlo, no puede controlar las pocas horas que quiero pasar sin reparos (exceptuando por que tengo que cuidar mi maletita con mi agenda y mi aburrido cuaderno). Necesito insensibilidad, fácil. Todos comienzan a hablar de sus vidas y problemas. Escucho.

Cuántas depresiones se olvidan por allí y cuántos son los problemas que flotan a nuestro rededor y que, luego, al temprano amanecer regresan a sus dueños en espasmódicas y compulsivas punzadas a la cabeza. ¿Ya nos ha pasado por lo menos un par de veces, cierto? Esos días en que regresamos a casa a las 9 de la mañana.

¿A qué se debe que exista esta calle tan cerca de nosotros y de tantos otros, en el diario devaneo y el común existir, tal como tenemos cada vez más cerca los carritos de helado y las boticas con vitaminas y condones?

Puede ser esta una mutación muy sensual de lo que cargamos dentro, del odio y la furia que sabemos no debe verse, no debe salir y convertirse en violento desahogo, y que cada uno de nosotros llevamos implícito como dos grandes maderos cruzados, dentro, muy dentro en lo más basal de nuestras mentes, en la columna vertebral, quizá nos llegue hasta el final de la espalda.

Los parques, sus 16 esquinas, ¿recuerdas? ¿Sentimientos? Desahogos, tabernas y tabiques rotos, risas y empujones, ¿una ebria declaración de amor? ¿Hostales, sensaciones o hasta emociones? Tanto es lo que se puede decir y sentir, que no tenemos tiempo.

Recuerdo a una chica coqueta que no me gusta. No es más que un poquito de melancolía temporal e irrisoria de mi mísero y material existir...

dormido en la calle
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Luz para vivir
(Junio 00 - 2.30h)

¿Cómo veo mi ciudad? Como un enjambre de sistemas que se superponen y se corroen entre sí. Pero la vida es hermosa, y es simple; ¿Por qué no mi ciudad? Plagada de vida, de ilusiones, de movimiento y deseos. La veo como un gato paseando, con la luna, de la mano del viento frío de mi invierno, con el día helado de mi ciudad… veo senderos, caminos de tránsito vacíos, pero llenos de multitud. Gente apretujada, seres descontentos, cordiales hacia sí, sólo hacia sí.

Veo millones de “existires” sufridos y maltratados, por los que siento algo. Me duelo sin querer; sin desear mirarlos, los veo a diario al pasar mi bus; al caminar en la escalera de paso los puedo oler, y tocar si quisiera. Un desorden ensimismado los tiene apretujados contra el suelo frío e irreverente, un caótico tronar de autos viejos, de viejas cansadas y de personas frustradas. Un devenir apunta a la fama, otro a la fortuna, pero ¿podrán, acaso, conseguir una mirada?

Veo espíritus vacíos que no ven ni oyen, que no sienten ni se duelen, que hurgan en los otros para arrastrar su pesadez en compañía. Los detesto tanto. Mi ciudad es un círculo cerrado, emulsión de olor altivo; otro círculo, tradición y conflicto; y un tercer círculo solamente dibujado en papel sino en el piso. Círculo último que cobija y explota cráneos sufridos y dolientes, superposición de entrañas falsas, de deseos austeros… otrora maliciosos. Para aquellos falaces, pergaminos que dictan normas insalubres que dicen qué sentir, qué ver, qué es lo mejor para las manos, para nuestro corazón.

Pero nos abraza a todos. ¿Por qué? Entropía citadina ocasionada por descorteses involucrados en nuestra furia diaria de vida, no hacen más que mutarla en gris; oscuridad oriunda de la base del cerebro, basal y circunfusa medrando en cada una de nuestras almas. Insípido vaivén de ideas y quehaceres que llevan a nada; inspiraciones tajadas por capricho y conveniencia, intenciones comunes despojadas de hábito y violadas por un interés. Tanto sufrimos, tan pesados vivimos que sorprende cómo podemos levantarnos a diario…. y necesitamos un despertador para seguir haciéndolo. ¿Por qué?!!!
Diseñemos, entonces, una ciudad que albergue almas radiantes, vivas, que disfruten cada día, cada caminar. Diseñemos almas que rijan su devenir y su porvenir, pensemos en mentes no caducas, productivas y no pordioseras. No tengamos más miedo en desterrar cuantiosa miseria espiritual, seamos capaces de gobernarnos, de sentirnos contentos con nosotros mismos y alegres por los demás. Busquemos la satisfacción en su raíz, no sólo en el fruto, y regalémosla a cuantos podamos; seamos previsores por los entes que van a surgir en los días que llegan, en los años que quedan a la humanidad; seamos racionales tranquilos, sin dictámenes de vida, sin condicionantes, sin auto-atribuciones y sin tribulaciones seriales. Busquemos esa alegría en almas alegres, demos todo por ellas, y devolvamos ese vivir prestado, casi robado. Todos somos gestantes de un gran corazón pero a veces parece no querer nacer; y algunas desgraciadas sonrisas que no saben reír… coartan su ser, lo abortan.

Necesitamos una nueva dirección, necesitamos sentir cobijo, debemos dar solución. Necesitamos luz para vivir.

 
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De la ciudad de los reyes
(Junio 04)

Necesitamos luz… sigo creyendo aquello. No porque vivamos en esta Lima gris y terrosa en la que no se puede tomar fotografías sin flash, sino porque el caos nos está llevando a un nuevo orden urbano ya en expansión, que devora los recursos de la “Lima central” y de la “conurbana” también.

Entre las limas, tenemos que transportarnos grandes distancias (2 buses para muchísima gente), gastando más en pasajes de bus mientras se gana cada vez menos por quincena o por semana. Las distancias son grandes, sino por el viaje cargado de bulla “trans” y gritos de “acomódese caballero”, entonces por un sistema vial obsoleto y mal planeado, parche de un crecimiento no planificado de miles de tentáculos devorando los valles productivos de la ciudad mutante.

La fisonomía urbana de la gran horizontal Lima Metropolitana, agresiva como nuestras caras cuando caminamos en la calle (más aún, pero injustificadamente, si es de noche y estamos en algún cono), no tiene forma, no tiene orden sino uno innato: ese orden formado de lo popular que se va erigiendo piedra sobre piedra (a martillazo de niños y sin cemento) y sobre las que se apoyan las casas y las vidas de los que trabajan por el Perú.

Si el caos es una juntura de infinitas pequeñas simplezas, entonces Lima es un caos y poco tienen que hacer aquí las “combis”, que son un subproducto polit-urbano y un medio de vida.

Para vivir, toda Lima se erige sobre un caos informal, de informalidad comercial y tributaria, de moral sin forma, de informal vivir en el límite de lo legal.

Es un vivir inexacto y temporal, casi diario, basado en propinas y en un crecimiento acelerado de todo tipo: demográfico, urbano… paupérrimo.

Pero de la pobreza surge el desarrollo… aunque primero hay que invadir para tener algo más que la ropa vieja que se lleva encima (después veremos si nos bañamos interdiario o cada vez que “haga sol”).

La invasión es el ideal limeño: “tener una casita, chiquitita no más, pero mía y de nadie mas”, que cuando se tiene, llena el corazón de satisfacción y tranquilidad. Entonces elucubramos cómo aprovechar lo que tenemos para “sacar alguito para parar la olla”.

Con millones de ollas viejas, Lima es tan grande que puede verse bajo todo tipo de sentimientos. Los más usados son la nostalgia y melancolía, que llegan después de perder la casita propia-por-invasión. Es cuando la vida se llena de “desgracias” y deudas de prestamista sangrador; un familiar muere, otro se aprovecha; los vecinos metiches chismosean y la hija sale embarazada.

Madres adolescentes, abusadas o emborrachadas, ignorantes pero pujantes porque no les queda más remedio, son las que trabajan en Jirón de la Unión como jaladoras, como vendedoras, como meseras de pollería y también son las que ofrecen fotos en Wilson con mucha insistencia. No mencionemos a las prostitutas que venden caramelos.
Pero a pesar de todo, cuando se ve la ciudad por encima, a vuelo de pájaro, despierta un sentimiento altruista, que se esfuma al subir en un bus al día siguiente.

Pero mientras se tiene esa aura de beneficencia, “dan ganas” de ayudar, de cooperar con el crecimiento, de encontrar en algún recoveco a un par de talentosos al enseñar dibujo, ad-honorem, a chiquillos de San Juan de Lurigancho en su taller vacacional y ser parte de la mutilación limeña que tenemos por ciudad.

El sentimiento dura poco, sin fuerte identificación personal… qué pena que no vivimos en un “cono”… el único que conocemos es el de la heladería en Comandante Espinar.

Es una realidad interesante, basada en el SOBREVIVIR diario, “pesetero” y de zapatos viejos. Es un vivir triste pero conformado con lo que venga (por ignorancia), que a veces es mejor que cargar el resto de la vida con las tribulaciones de saber algo más que los demás y darse cuenta de que hay mucho aún por conocer… frustrante aunque es parte de la evolución de nuestro espíritu, ese que se enriquece con la experiencia de vida.

La vida se desarrolla a nuestro rededor, pero sólo vemos la burbuja en que estamos metidos, cascarón falso y frágil que tratamos de estructurar, para desgracia de nuestros alteregos, que no conocen sobre la vida sino lo que permiten las tiendas por departamento y los supermercados con autos estacionados que cuestan más de 100 mil soles.
¿Seguimos negando la realidad del 80% del “populórum” limeño para mantenernos en confort y en falsa sensación de seguridad social (no de EsSalud)? ¿O quizá nos convenga aventurarnos a Comas, El Agustino y Carabayllo, para caminar entre gorritos hilfiguer y casacas adibas y zapatillas reeber?

¿Entenderemos esa metamorfosis (que está muy a la par con Kafka) leyendo un libro, o viendo un reportaje?
Lima es violenta y peligrosa, pero también más grande e interesante de lo que podemos imaginar.
En sus recovecos encontraremos todo lo que imaginamos y más, cosas buenas y malas, pero experiencia al fin… hasta que nos topemos con la doña muerte.

Recién en ese momento, dejaremos de quejarnos…

 
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BROWNIES Y BURBUJAS
(Octubre 03)

Hay demasiados factores que influyen en el comportamiento humano; si analizamos al peruano, es una tarea significativamente compleja.

El tema de mayor discusión en nuestro medio es la pobreza.  Esta, grande y pequeña, azarosa y despreciada, es el factor condicionante de los estilos de vida, de tal y cual andante peruano.

Pero no es, la pobreza, el problema mayor, sino la gigantesca y arrogante ignorancia.

La pobreza, nos acompaña perenne en el mundo, y en el Perú hasta es aceptada como un estilo de vida, aunque no querido y discriminado.  Pero, esta no sería tan devastadora para nuestros espíritus, si no estuviera hermanada con la ignorancia, que genera temor, luego suposiciones y suspicacias, después desconfianza, terminando en violencia, racismo y desprecio; todo producido por una vida miserable, que busca que el resto a su rededor sea similar.

¿Es posible cambiar la percepción de la pobreza?  ¿Y de la ignorancia?  Todo es posible... con esperanza.  ¿La esperanza del dinero, tal vez?  ¿De la materia?  ¿O del trabajo de millones que sobreviven con un pan y un té sabor a cebolla en la oscuridad del anochecer?

La distribución de la riqueza está mal dada, no hay equidad, pero sí abuso y explotación de los ignorantes.  Vapuleados a diario, maltratados física y verbalmente, no les queda más que agachar la cabeza, y decir:  “chi cheñor”, para no perder el trabajo.

Y esto se transmite generación tras otra, sin darles tregua a que exploren posibilidades, quedando en las fauces de la rutina diaria del conmutador corriente.

No les dejan otra opción, sino dar vueltas en el barrio del “qué dirán...”, según sus costumbres, tradiciones y creencias, además de “acomplejamientos” ajenos.  Esta es la misma burbuja en la que se mueven los engreídos “hijos de papito”, con una única diferencia:  la comodidad.

Son estos tan altivos, que creen que las fauces de los males sociales no les alcanzarán, sin saber que tienen ya males inherentes a su realidad.

Se transportan en automóviles de 40 mil dólares; visitan discotecas que discriminan en el ingreso; se van de viaje trayendo la ropa que van a usar durante el año, y compran electrónicos que no saben utilizar.

Pero no conocen mas allá de internet y la televisión por cable.  No saben lo que es caminar 3km a diario, ni subir escaleras, ni cocinar, ni limpiar, ni encargarse de un cuerpo sin vida.  Para todo esto existe la tarjeta de crédito... ya que “con la plata baila el mono”.

Son tan torpes, que el gran interés de algunos y algunas, es la vanidad, así sean feos o repulsivos.  Logran esconder imperfecciones corporales, y creen poseer el aura de la perfección.

Nada más lejos de la realidad que negar la naturaleza del cuerpo humano, escondiendo los olores tras perfumes caros, “tarrajeando” lo irreparable de la cara, vistiendo trapos que dejan ver la gordura rebalsar.

Pero cada cual en su mundo... en su burbuja, con un problema tácito:  desprecio por el que menos tiene.  Los whities expectoran a los brownies, y estos desplazan a los realmente pobres...

Nadie deja de sufrir.
Es un círculo vicioso,
dominado eternamente...
por la ignorancia.