ABC Escribía desde el inicio de la secundaria, en Panamá, y si hubiera sido aquí, en el Perú, el resultado hubiese sido igual de feo. Pero no dejé de hacerlo, con proto-cuentos, proto-fábulas, proto-poemas, proto-todo. Insistí a pesar que nunca me prestaron atención, ni en el colegio en la “clase de lengua” (en el colegio sólo el ambiente dentro de cuatro paredes y color horrible-pastel, podría llamarse “clase”). Habrá sido que en esa época no tenía suficiente información ni experiencia, sino hasta que llegué a Lima. La ciudad de ladrillos, con sus inmensos arenales invadidos, con sus techos terrosos, sus invasiones de esteras, sus distritos vigilados y jardines llenos de ratas. Si no fuese así, no podría escribir, porque no tendría un motivo para hacerlo… ¿Sería mejor? Pero, mientras que Lima se hace más caótica, mi escribir también. ¿”Pensamiento complejo”? Más ideas en menos espacio y menos que pueden entender. Pero no pueden entender porque hay más gente en esta metrópolis y cada vez menos leen. Por culpa de los impuestos, del sistema educativo, del gobierno, de la economía mundial, de la globalización e internet, de la Corriente del Niño y el hueco en la Capa de Ozono, etc, etc, etc. Lista interminable, quejumbrosa, cierta y reprochante: o sea, nosotros mismos tenemos la culpa por estar como estamos. Me dan más ganas de escribir, aunque sea para quejarme. Van a ser los mismos los que leen lo que escribo… y lo que ellos escriben, porque nadie lee en el Perú. Mucho internet, muchos trabajos pirateados en pdf, ensayos regalados a una comunidad de cibernautas vagos, tareas copiar-y-pegar para el colegio. Cuando investigo algún tema, internet no sirve sino para referencia básica e inicial. |
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